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A diferencia de otros autores, Foucault no ubica al poder en una institución principal, como podría ser el parlamento, la monarquía o el Estado en general, sino que lo sitúa como una forma de funcionamiento social que atraviesa todas las instituciones. El poder es básicamente una relación y se vincula con el saber, con el control de las ideas respecto de lo que es cierto, verdadero, aceptado como válido.

En este sentido, Foucault ubica la presencia del poder en todas partes; en la escuela, en la relación entre maestros y alumnos; en el hogar, entre los padres y los hijos; en el trabajo, entre los jefes y los empleados; en la política, entre gobernantes y gobernados.

Estos discursos sociales que definen lo que está bien lo que está mal, qué es lo verdadero y qué lo falso logran producir determinados tipos de sujetos, de personas. Somos nosotros mismos, las personas, las que sustentamos el poder con nuestras creencias y formas de actuar. Por eso Foucault habla de una “microfísica” del poder, con lo cual se refiere a las relaciones reticulares, pequeñas, que sustentan y reproducen las formas de dominación.

Quiénes, alguna vez no han visto las entrañables escenas de una vecindad, donde cada sujeto se posiciona (los posicionan) en ciertos márgenes de accionar y ser, que se constituyen en aquel sistema de relaciones sociales: la vecindad del “Chavo del ocho”. Detrás de cada escena y vivencia llevada a cabo por el protagonista y sus vecinos se pueden identificar rasgos de ejercicios de poder, y bien sabemos que se pudo haber romantizado las condiciones de vida del protagonista y los demás actores.

Desde una mirada simplista y enajenada de los profundos procesos sociales y políticos que subyacen en aquella trama, se puede adjudicar al personaje cualidades empáticas, hasta en algunas situaciones concebirlo, desde la lástima o lo cómico de su participación.

Desde una óptica de reconocer que la realidad supera la ficción, pues allí se visibilizan cientos de historias, de sectores vulnerados y violentados, que bien las relaciones del personaje con su entorno, pueden representarlas. El barril, su hogar, un espacio periférico en relación a la vecindad.

Las condiciones de otros personajes, que reflejan un sistema de privilegios.

La blanquedad expresada desde la médula. El chavo, tratando de disfrutar de objetos materiales y simbólicos, que le estaban restringidos. Del mismo modo, Don Ramón, concebido como un sujeto con marcadas dificultades socio- económicas, perseguido por Don Barriga y el cobro de los impuestos.

Quizás con escasas oportunidades de ascenso social, pero percibido en el guion como un ser sin proyectos y un gran deudor del sistema. Las experiencias educacionales, la escuela de la cual participan todos los jóvenes del programa.

Las dificultades de inserción del Chavo a la cultura Institucional arbitraria. La escuela, aparece como un dispositivo donde evidentemente quedas plasmadas las diferencias. Dificultades en la lectura y escritura, reclama el profesor Jirafales, inscripto en una red de relaciones, donde desde su formación profesional, actúa como mero agilizador de políticas educativas no aptas para las minorías.

El bullying, constante en el escenario escolar, dirigido hacia el protagonista y otras veces hacia Don Ramón.

El Bullying intentando ser plasmado como una cuestión de valores o moral. Claro, reforzando aún más los sistemas y mecanismos de poder que se ponen en marcha para que acontezca. La importancia de desfetichizar lo social, que nos invita a analizar desde un recorte ficticio, pero al fin, una manera, que puede permitirnos reflexionar sobre acciones, posiciones, conductas y papeles que ejercemos como sujetos, en la vida diaria, que aparecen naturalizadas y necesitan ser demostradas desde su carácter construido, su naturaleza relacional.

En un micro- espacio (La vecindad), se materializan realidades sociales más amplias, las luchas explícitas e implícitas por un dominio de ciertos sectores, que descomprimiendo lo obvio, puede realzar los diversos sentidos de nuestras acciones.

La vecindad, transciende el mero entretenimiento, la vecindad descripta, quizás sea el reflejo de nuestros propios sistemas de relaciones actuales.

 

 

Autora:

Ariana Cabezas

Psicopedagoga y Docente. Especialista en Docencia Universitaria, Diplomada en Pedagogía Crítica.

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