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La respuesta corta es si, si pueden. La respuesta larga es que en el momento en que introducimos un elemento nuevo en la vida de un niño con autismo tenemos que considerar que de por sí solo eso no va a implicar una mejora radical, aunque puede ayudar en el desarrollo de habilidades siempre y cuando se acompañe de otros (humanos) que puedan interactuar naturalmente con el niño o niña y crear lazos subjetivantes, lazos en efecto, humanos.

¿Los robots, pueden ayudar a los niños con autismo?

Debemos tener en claro que un elemento inanimado siempre va a ser considerado como un juguete para todo niño. Un robot no deja de ser un juguete sofisticado con una finalidad distinta, una finalidad terapéutica.

Hace unos días se conoció la noticia de un grupo de ingenieros peruanos de la Universidad Continental (Larry Gamboa, Kevin Lazo y Josué Sánchez) que creó un robot para niños con autismo llamado Baymax. Realmente una genialidad, considerando que los niños con autismo tienen un mayor nivel de conexión perceptual con ciertos objetos articulados o inanimados. Aquí puedes ver de qué se trata y cómo lo pensaron:

Baymax es un buen ejemplo de cómo la tecnología puede ayudar a las personas a desarrollar talento y mejorar el estilo de vida cuando se apuesta por la innovación y por el trabajo interdisciplinario, pero más allá de eso, es importante recalcar algunas cuestiones que hacen a los objetivos terapéuticos de los robots y que también se aplican a otros dispositivos tecnológicos como smartphones, tabletas y computadoras.

¿Qué es lo que un robot puede hacer y que no puede hacer para el tratamiento de niños con autismo?

  • Lenguaje: En cuanto al lenguaje es importante recalcar que cualquier aplicación o dispositivo tecnológico que sea aplicado al tratamiento de niños con autismo debe ser acorde a la edad que cursan. Baymax, por ejemplo, está pensado para niños de 1 hasta 6 años de edad. Será importante aquí el tratamiento con un terapeuta del lenguaje que ayude a articular la dimensión emocional de la adquisición del lenguaje y a acompañar los procesos de prueba-errar que son comunes a todos aquellos que alguna vez aprendimos el idioma.

 

  • Emociones: Las emociones un elemento crucial en el desarrollo de las habilidades sociales y comunicacionales de todo ser humano, especialmente durante la temprana infancia. En el caso de los chicos con autismo es muy importante poder hacer siempre una valoración positiva de los avances y de los procesos de los niños cuando se encuentran aprendiendo. La frustración que muchas veces sienten los niños puede ser un elemento que limite la influencia de cualquier terapia o recurso, como en este caso los robots, para el logro de cualquier nuevo aprendizaje. Esta forma de ver la tecnología y el lazo emocional que cada niño desarrolla consigo mismo se aplica tanto a las nuevas aplicaciones como al uso terapéutico y familiar de la tecnología. No podemos desconocer que lo esencial en el caso de los niños con autismo es poder lograr mejorar las áreas del lenguaje, la comunicación y la conducta que siempre deben estar mediadas por otro humano, no solo por una pantalla o un juguete.

¿Qué aprendimos de la película “Grandes Héroes”?

El nombre Baymax que los ingenieros peruanos eligieron para su robot, lo tomaron de la película “Grandes Héroes” de Disney. En esa peli el protagonista, que es un adolescente, se haya atravesando un proceso de duelo y un robot inflable actúa como su soporte de salud.

Aunque en muchos momentos el robot hace señalamientos obvios, lo interesante de la película es como logra conectarse con el protagonista, desarrollando en él un gran sentimiento de empatía y compañerismo.  Aquí una escena de la peli:

 

Conclusiones:

  • Es importante entender que los robots, las aplicaciones, las tablets y toda nueva tecnología no van a causar grandes cambios por sí solos sino se acompañan de otros seres humanos que ayuden, acompañen y devuelvan una retroalimentación constante que desarrolle comunicación y empatía en los niños.

 

  • Un juguete no depende de sus características para generar aprendizaje, depende del entorno humano y su valorización.

 

  • El lenguaje no es un mecanismo aislado de las emociones que puede ser aprendido en soledad, necesita de una devolución constante de personas que ayuden a mejorarlo considerando la autoestima y el potencial de cada niño.
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